Los problemas en el ámbito del trabajo son desgraciadamente habituales. Hay cantidad de casos en los que los despidos son improcedentes, las empresas no pagan lo que corresponde al empleado o se generan conflictos que afectan directamente al trabajador de una u otra forma.
Por suerte, en nuestro país contamos con leyes sólidas relacionadas con el ámbito laboral y también con convenios colectivos que marcan la hoja de ruta a seguir. Esto significa que tendremos derecho a reclamar lo que es nuestro, mediar con la empresa o ir a un juicio para que se determine lo que corresponde.
Es el modo de hacerlo lo que suele generar grandes dudas, ¿es mejor acudir a un abogado laboralista o a un sindicato?, ¿quién velará mejor por tus derechos o quién saldrá más caro? Precisamente, esta es la encrucijada que queremos ayudarte a resolver en este artículo. Analizaremos todas las posibilidades y trataremos de sacar la mejor conclusión para tu caso.
Los abogados laboratoristas o los sindicatos
Las dos grandes salidas que puedes encontrarte en un primer momento son precisamente estas: los abogados laboralistas y los sindicatos. Son diferentes profesionales a los que puedes acudir para tramitar cualquier tipo de reclamación con una empresa o llevarla a juicio. Te exponemos cómo es cada una y sus características, ¿qué pueden hacer por ti?
El abogado laboralista
El abogado laboralista es un experto en derecho que se ha especializado precisamente en este ámbito tan concreto. Su misión es asesorar al trabajador desde el primer momento, velar por sus derechos, encontrar la mejor solución para su problema y asumir su defensa formalmente en caso de juicio. Hay despachos muy competentes que están especializados en esta rama como Garanley.com y que se centran en este tipo de casos. En este caso hablamos de una contratación privada, por lo que cada abogado tiene sus tarifas y estas pueden ser diferentes según el despacho o el profesional, considerando que en muchas circunstancias los costes van a ser asumidos finalmente por la empresa a la que se demanda. Lo que destaca de esta alternativa es que el trabajador será el cliente del experto, por lo que se centrará totalmente en encontrar la mejor resolución para él. Como veremos a continuación, los sindicatos trabajan de una forma diferente y se vuelcan en los trabajadores como colectivo.
El sindicato
El sindicato es la otra gran opción de los trabajadores que tienen conflictos con sus empresas. Estos tienen misiones diferentes y esto es lo primero que cabe recalcar. Se trata de organizaciones que se dedican a luchar por los derechos de los trabajadores, participar en negociaciones colectivas, promover los derechos de las plantillas, solicitar modificaciones en las condiciones de trabajo y demás. Están formados por diferentes expertos y la defensa jurídica es una de sus vertientes, es decir, no se dedican a ello en exclusiva. Los sindicatos no son gratuitos, como se puede pensar, pues estos van a cobrar una tarifa que va a depender de si se es afiliado o no, la antigüedad y el tipo de servicio. Los departamentos de defensa jurídica de estas instituciones tienen mucha experiencia en dicho ámbito y pueden proporcionar un excelente servicio, aunque se dedican a la resolución de estos conflictos a modo general y suelen tener un volumen de trabajo mayor en el que un caso particular no es tan importante. Por lo tanto, es posible que nos dediquen menos tiempo a título individual.
Otras opciones de defensa
Cuando existe un conflicto laboral es común que primero se medie para llegar a un acuerdo entre las partes, en ciertos casos es prácticamente obligatorio por ley. Sin embargo, si no existe una solución amistosa, la evolución lógica es llegar a juicio. Para la defensa hay dos opciones más que debes conocer, además de los abogados laboralistas y los servicios de los sindicatos. Son las siguientes:
- Defenderse a uno mismo. Existe la posibilidad de defenderse a uno mismo sin la ayuda de los expertos, aunque no es especialmente recomendable. Lo ideal es que puedas contar con alguien que tenga conocimientos elevados de derecho y del ámbito laboral para saber por dónde tirar y tener claro lo que es relevante o no, las pruebas que se pueden presentar o los matices del proceso judicial.
- Un abogado de oficio. Los abogados de oficio se asignan generalmente a personas sin recursos, pues aunque todos tienen derecho a una defensa, hay ciertos peros en la ley y puede que no des el perfil. En este caso no tiene por qué ser un experto en el ámbito laboral y, si bien es cierto que será totalmente gratuito en caso de perder el juicio, se tendrá que pagar su trabajo en caso de ganarlo y obtener un beneficio económico.
¿Cuál es la mejor alternativa?

Las dos principales opciones que tenemos sobre la mesa son los abogados laboralistas y los sindicatos. Como hemos visto, la defensa de uno mismo puede ser algo arriesgada y el abogado de oficio no es necesariamente apto para todas las personas, tampoco está tan especializado.
¿Hay una opción mejor que otra? Podemos decir que esto va de gustos pero, sobre todo, de casos particulares. Como norma general, los abogados laboralistas se van a centrar mucho más en tu caso y van a defenderte como cliente. Te brindarán asesoría desde el minuto uno y puedes contar con ellos a tu total disposición. Los sindicatos van a estar muy experimentados en los derechos de los trabajadores y también serán un buen apoyo, aunque trabajan más en casos colectivos. En las dos alternativas tendrás que pagar de una u otra forma.
Lo ideal es apostar por un abogado laboralista como norma general, pues te llevarás una atención bastante más personalizada y rigurosa, es decir, tu caso pasará a ser su prioridad. Son expertos que están acostumbrados a este tipo de conflictos y que saben luchar contra las compañías para proporcionar el mejor resultado a los empleados.
En cambio, los sindicatos pueden estar muy bien y ser alternativas más interesantes si tu caso es colectivo, afecta a más trabajadores y deseas, por ejemplo, poner una demanda conjunta. En dichas circunstancias están muy curtidos y pueden prestar mucha atención al caso por resultar más generalizado, por encima de las cuestiones individuales como despidos improcedentes o impagos puntuales de indemnizaciones.
